Mis pies frios, alma congelada
Creía yo ser una persona friolenta, el invierno me deprime, el cielo gris es mi némesis. Pero aún así amo salir a comprar el pan en las mañanas o sacar la basura en las noches en chanclas. Ahí no tengo frío, pero cuando me meto a la cama a calentar mis pies, estos se rehúsan a calentarse, sobretodo si mi corazón está inquieto, triste o molesto. No importa cuantas medias o las colchas me ponga encima, mis pies se mantendrán fríos mientras mi corazón también lo haga. Pareciera que mi espíritu quiere salir gritando por mi boca y lo único que lo detiene es el congelamiento de mis pies. Así igual, en la confusión de la noche, mi alma aprovecha el adormecimiento del cuerpo y su alerta para volar, sale por mi calle, vuela sobre los techos sucios de la ciudad y se va a escuchar el mar o el río.